miércoles, 29 de septiembre de 2010

Crónica de una nalgada


Crónica de una nalgada


Una nalgada la hizo reaccionar; entre la confusión buscó a su agresor. Un sujeto de menor estatura que ella, se reía; sabía que había sido él. Casos como este suman hasta 16 en un día en las estaciones del metro según datos del Instituto Nacional de las Mujeres.

Era una mañana en la línea 4 del metro, que va de Martín Carrera a Santa Anita, había poca gente, su destino la estación Jamaica para poder llegar a la línea 9 y concluir su viaje. Sin embargo, Claudia, no concluyó su viaje: fue agredida por un sujeto cuando descendió del vagón.

El reclamo no se hizo esperar, “que te pasa” ella gritó, “pues, me empujaron” atinó a decir su agresor en un tono de burla, después de haberle propinado una nalgada Claudia ante tal suceso reaccionó, lo empujó contra la pared impidiendo que se moviera y escapara como intentaba hacerlo. Pidió ayuda, dos hombres, también usuarios, se acercarón para poder detener al hombre. No había ningún policía cerca del andén, por lo que caminaron en busca de alguno que pudiera auxiliarlos.

Por fin hizo su aparición el policia quién detuvo a José Luis Villa Pérez de 18 años , a quién la sonrisa se le borro cuando lo trasladaron al àrea de seguridad de dicha estación.

Los policías que laboraban en esa estación le preguntaron a Claudia si quería denunciarlo, mencionando el proceso a seguir. “¿Tiene tiempo?, porque si decide proceder es largo , y a él lo pueden meter a la càrcel”

Ella sintió que la intentaban persuadir para que no lo denunciara, en cambio, decidió continuar para que recibiera el castigo que se merecía.

Este tipo de agresiones son consideradas como delito sexual y tienen una pena que va de 1 hasta 6 años de prisión, sin embargo muchas mujeres no denuncian este tipo de abusos por que no tienen conocimiento de los castigos que marca la ley y se sienten amenazadas por futuras agresiones.



Transcurrió más de media hora para que enviarán a más personal de seguridad y continuar con el proceso. Ante Claudia se presentó el Jefe de Seguridad de la Estación, quién le explicó que el INMUJERES le brindaría asesorá , para lo cual tenían que trasladarse a la estación Pino Suarez. “No habíamos registrado ningún caso en el año de denuncia por abuso sexual en esta estación, a veces no quieren proceder” Comentó.

El Instituto Nacional de la Mujeres del Distrito Federal cuenta con un programa llamado Viajemos Seguras, donde se cuenta con un módulo de atención para mujeres que hayan sufrido algún tipo de agresión o acoso sexual dentro del Sistema de Transporte Colectivo Metro. Dichos módulos se encuentran en estaciones de gran concurrencia como Balderas, Pino Suarez, Hidalgo, Guerrero y Pantitlán con un horario de atención de 8 a 20 horas de lunes a viernes, donde brindan asesoría jurídica
y te acompañan durante todo el proceso legal.

Claudia llegó al módulo del INMUJERES , donde recibió una atención más coordial, se sintió más segura con la licenciada Úrsula, cuyo trató y asesoría hicieron el proceso menos pesado. Le explicó lo que tenía que hacerse y la acompaño durante el proceso de la tomá de su delaración ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal en la Fiscalía Central de Investigación para delitos sexuales, dondé además se brinda servicio médico y atención psicológica en caso de que la víctima la requiera.

Mientras tanto, José Luis Villa Peréz enfrentá cargos por abuso sexual dondé se determinará su situación jurídica en 48 horas, probablemente salga bajo fianza, pero Claudia espera que este sujeto comprenda que nadie tiene derecho a tocar su cuerpo.

COMER POR $10 PESOS


Saliendo de la estación Morelos, de la línea B del Metro, podemos encontrar a la “Chocolatera”, un comedor comunitario que abre sus puertas en apoyo a la población. En él convergen los empleados de los negocios aledaños, habitantes de la colonia Morelos y vagoneros, que van a saciar su hambre a ese pequeño espacio, que por diez pesos les ayuda a paliar esa necesidad.

Son las dos de la tarde y los rayos del sol caen con toda su intensidad, con enorme voracidad y sin clemencia contra los que esperan de pie recibir comida, pero es soportable, la espera también, todo es soportable cuando no se tiene dinero para comida y hay quien la ofrece a un costo accesible.

La “Chocolatera” comienza sus servicios cuando las manecillas del reloj apenas rebasan con escasos minutos las dos de la tarde; ya son varias las amas de casa que con tupper en mano hacen fila para recibir un boleto cuando el encargado de la entrada pregunta: ¿Cuántos van a ser? Las respuestas varían: dos, tres, cinco… Después se empiezan, pues no es la primera vez que visitan el comedor, a mencionar los nombres de los beneficiados y su dirección, y sus diez pesos relucen en su mano para intercambiarlos por un boleto y éste a su vez por frijoles, sopa, lentejas y guisado.

La fila para pagar se divide en dos: una donde los tuppers se empiezan a abrir y se oye a los asistentes decir “acá póngame esto” y “acá eso otro por favor”; mientras, los que desean pasar a comer, hacen la otra hilera, se detienen y se someten por unos minutos más al implacable sol que con sus rayos a quemarropa hacen del interior del comedor un oasis. La espera es breve, pues los comensales saben que hay otros que esperan alimentarse, y así se ven salir a los primeros comensales, los vagoneros, que por sus diez pesos han salido del establecimiento satisfechos y listos para darse una vuelta más en el Metro, en busca de unas monedas que les permitan llevar comida a sus familias.

En abril del año pasado inició este programa llamado Comedores Comunitarios. Fue lanzado por el Gobierno del Distrito Federal, encabezado por el licenciado Marcelo Ebrard Casaubon. Se trata de un programa enfocado en satisfacer las necesidades de una urbe tan grande como lo es la Ciudad de México y, sobre todo, proteger a la población más desprotegida y marginada, y asegurarles así su derecho a la alimentación.

El arranque de este programa tuvo una inversión superior a los 100 millones de pesos, la cual fue utilizada para suministrar de insumos a los comedores. El costo de la comida es de 10 pesos y es solamente por concepto de recuperación e inversión en los productos que son perecederos y para el pago de las personas que se encargan del lugar.

Este tipo de programas que se instauraron dentro de la capital mexicana vinieron en un momento en que el país se encontraba, y aún se encuentra, en una crisis económica que azota al mundo entero, pero donde tuvo más repercusiones fue en América Latina y en especial en México, de tal manera que el programa de Comedores Comunitarios vino a cubrir las necesidades de la población, pues éstos han sido instalados en zonas de media y alta marginalidad, además de zonas con conflictividad social.

El programa inició en un principio con 160 comedores, pero este año se abrirán nuevos comedores como parte de un plan del gobierno capitalino que trae consigo un paquete de diez medidas emergentes contra el incremento de los precios y entre las que se encuentra abrir 100 comedores más, con lo cual se busca apoyar a la ciudadanía afectada por la crisis.

Este programa es aplicado en las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal, siendo las delegaciones con un alto índice de marginalidad las más beneficiadas. La delegación Venustiano Carranza cuenta con 7 comedores comunitarios: Caracol, Moctezuma 2a Secc., Morelos, Morelos II, Fracc. Aeropuerto Arenal, Magdalena Mixuca y Valentín Gómez Farías.

La implementación de los comedores comunitarios no sólo está beneficiando a la población que acude a comer a ellos, sino también a los encargados de preparar y ofrecer las comidas, ya que estos lugares son administrados por los propios colonos o miembros de la comunidad que desean ayudar y al mismo tiempo percibir un salario; así se ha logrado que sean varias las partes que encuentran un beneficio en la instauración del programa, ya que ha fomentado el empleo y ha dado alimento a los necesitados.