
Saliendo de la estación Morelos, de la línea B del Metro, podemos encontrar a la “Chocolatera”, un comedor comunitario que abre sus puertas en apoyo a la población. En él convergen los empleados de los negocios aledaños, habitantes de la colonia Morelos y vagoneros, que van a saciar su hambre a ese pequeño espacio, que por diez pesos les ayuda a paliar esa necesidad.
Son las dos de la tarde y los rayos del sol caen con toda su intensidad, con enorme voracidad y sin clemencia contra los que esperan de pie recibir comida, pero es soportable, la espera también, todo es soportable cuando no se tiene dinero para comida y hay quien la ofrece a un costo accesible.
La “Chocolatera” comienza sus servicios cuando las manecillas del reloj apenas rebasan con escasos minutos las dos de la tarde; ya son varias las amas de casa que con tupper en mano hacen fila para recibir un boleto cuando el encargado de la entrada pregunta: ¿Cuántos van a ser? Las respuestas varían: dos, tres, cinco… Después se empiezan, pues no es la primera vez que visitan el comedor, a mencionar los nombres de los beneficiados y su dirección, y sus diez pesos relucen en su mano para intercambiarlos por un boleto y éste a su vez por frijoles, sopa, lentejas y guisado.
La fila para pagar se divide en dos: una donde los tuppers se empiezan a abrir y se oye a los asistentes decir “acá póngame esto” y “acá eso otro por favor”; mientras, los que desean pasar a comer, hacen la otra hilera, se detienen y se someten por unos minutos más al implacable sol que con sus rayos a quemarropa hacen del interior del comedor un oasis. La espera es breve, pues los comensales saben que hay otros que esperan alimentarse, y así se ven salir a los primeros comensales, los vagoneros, que por sus diez pesos han salido del establecimiento satisfechos y listos para darse una vuelta más en el Metro, en busca de unas monedas que les permitan llevar comida a sus familias.
En abril del año pasado inició este programa llamado Comedores Comunitarios. Fue lanzado por el Gobierno del Distrito Federal, encabezado por el licenciado Marcelo Ebrard Casaubon. Se trata de un programa enfocado en satisfacer las necesidades de una urbe tan grande como lo es la Ciudad de México y, sobre todo, proteger a la población más desprotegida y marginada, y asegurarles así su derecho a la alimentación.
El arranque de este programa tuvo una inversión superior a los 100 millones de pesos, la cual fue utilizada para suministrar de insumos a los comedores. El costo de la comida es de 10 pesos y es solamente por concepto de recuperación e inversión en los productos que son perecederos y para el pago de las personas que se encargan del lugar.
Este tipo de programas que se instauraron dentro de la capital mexicana vinieron en un momento en que el país se encontraba, y aún se encuentra, en una crisis económica que azota al mundo entero, pero donde tuvo más repercusiones fue en América Latina y en especial en México, de tal manera que el programa de Comedores Comunitarios vino a cubrir las necesidades de la población, pues éstos han sido instalados en zonas de media y alta marginalidad, además de zonas con conflictividad social.
El programa inició en un principio con 160 comedores, pero este año se abrirán nuevos comedores como parte de un plan del gobierno capitalino que trae consigo un paquete de diez medidas emergentes contra el incremento de los precios y entre las que se encuentra abrir 100 comedores más, con lo cual se busca apoyar a la ciudadanía afectada por la crisis.
Este programa es aplicado en las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal, siendo las delegaciones con un alto índice de marginalidad las más beneficiadas. La delegación Venustiano Carranza cuenta con 7 comedores comunitarios: Caracol, Moctezuma 2a Secc., Morelos, Morelos II, Fracc. Aeropuerto Arenal, Magdalena Mixuca y Valentín Gómez Farías.
La implementación de los comedores comunitarios no sólo está beneficiando a la población que acude a comer a ellos, sino también a los encargados de preparar y ofrecer las comidas, ya que estos lugares son administrados por los propios colonos o miembros de la comunidad que desean ayudar y al mismo tiempo percibir un salario; así se ha logrado que sean varias las partes que encuentran un beneficio en la instauración del programa, ya que ha fomentado el empleo y ha dado alimento a los necesitados.
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